Tras la lectura de diferentes textos acerca de Caperucita Roja, se puede comprobar como el cuento tradicional ha ido evolucionando, adaptándose a la época en la que se han reinscrito. Al realizar la lectura del primer texto (publicado en el S. XVIII), no me ha parecido un cuento infantil, ya que resulta cruel al mencionar que el lobo incita a Caperucita Roja tanto a comerse la carne como beberse la sangre de su abuela, así como también considero que está sexualizado en el momento que el lobo dice a Caperucita que se desvista y se meta con él en la cama. En el Siglo XVIII se consideraría un texto normalizado, sin embargo, actualmente creo que no es un recurso del que se tenga que hacer uso en el aula.
El cuento que yo recuerdo de
cuando era pequeña se asemeja al texto realizado por Perrault y al texto realizado por Pescetti, aunque este último solo
se parece a la narración, ya que las ilustraciones no son las reales al cuento que
recuerdo leer, dichas ilustraciones están creadas a
partir de como es la historia “real” y a como se la imagina el niño. Quiero
destacar esta última parte, ya que me parece muy interesante como los niños/as se
imaginan las historias los niños/s la mayoría de las veces, siendo estas con
muchos colores y con superhéroes que consiguen solucionar cualquier situación.
Quiero mencionar el texto redactado por Rodari, que trata sobre como el abuelo cuenta a su nieto/a el cuento de Caperucita roja. Este texto parece “humorístico”,
sin embargo, se puede trasladar a la realidad, ya que es como el juego de
palabras “el teléfono escacharrado” en el que una persona empieza diciendo una
frase, y el último jugador dice una frase totalmente diferente. Esto significa
que habrá niños que conozcan diferentes versiones sobre el cuento, por las
diferentes maneras que tienen de contarlo las personas de su entorno.
Los textos que más me han gustado
han sido, por una parte, el redactado por Perrault y el de Pescetti por los motivos mencionados
anteriormente, por otra parte, el texto realizado por el autor Arciniegas en el que se redacta la versión del lobo, en el cuál,
él se defiende y dice que él no hizo nada y que todo se lo ha inventado
Caperucita Roja. ¿Y por qué me gusta?, porque siempre nos creemos la primera
historia que nos cuentan o nos creemos la historia de la persona que parece “más
buena”, sin embargo, considero que siempre tenemos que escuchar las versiones
de todos los implicados, así como también no preestablecer a una persona de
buena o mala, ya que creo que no todas las personas “buenas” son tan buenas, ni
las personas “malas” son tan malas.
El texto que menos me ha gustado
ha sido el realizado por Marjolaine Leray, porque este no es un cuento narrativo, sino ilustrativo, en el
que el lector tiene que imaginar la historia. Esto, personalmente, no me gusta,
ya que, aunque en los textos que leo me gusta imaginar diferentes historias, siempre
necesito una base y una historia en la que llevar mi mente, además, una persona
que nunca haya leído el cuento de “Caperucita roja y el lobo”, tal vez
encuentre complicación en comprender las ilustraciones.
Ninguno de los nueve textos
leídos me han recordado a ningún otro cuento, película o serie, sin embargo, durante
la lectura del artículo "Eterna caperucita" de Teresa Colomer sobre la evolución del cuento, he podido leer las
inspiraciones que han tenido algunas adaptaciones en otros cuentos, como del
cuento “Los tres cerditos y el lobo”.
Tras mencionar dicho artículo, me dispongo a aportar las tres ideas más significativas del mismo, las cuáles son:
- En el año 1819 es un cuando se comienza a adaptar el cuento para niños/as, de manera que se suprimen los desnudos y se da lugar a la moraleja de la advertencia de la madre, a la cual hay que obedecer para que no surja ningún peligro.
- Los textos han sido adaptados a cada época cultura en la que se han reinscrito, de manera que los actores se sintieran a gusto leyendo el texto, o también en base a la ideología del momento, como es la crítica feminista.
- No hay que usar los libros infantiles solo para la adquisición de valores, sino también para conseguir un hábito lector y aprender a leer literariamente.
En conclusión, los cuentos o
libros infantiles deben estar adaptados a la edad de los menores, inculcar
valores, fomentar la lectura y la imaginación y no transmitir ninguna ideología,
sino realizar una imparcialidad, de manera que no de lugar a pensamiento equivocados
como la sexualidad, el machismo o el feminismo radical. También, que en un
cuento que contenga narración e ilustración va a ser más llamativo para el
niños/a, porque le resulta menos “agobiante” leer frases cortas con ilustraciones,
que un texto largo sin ninguna referencia ilustrativa.
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